dissabte, 3 de març del 2018

SABER

Saber que el cielo muere a cada paso
dejando vida humilde sin piedad...
Saber que cada noche es el ocaso
que borra nuestros sueños de bondad...

Saber que el dulce ovillo de la edad
amargo y triste corre hacia el fracaso...
Saber que nuestra lucha en soledad
será un exiguo parabién escaso...

Convierte la existencia en añoranza
del bien que se desea con locura,
aunque huya como agua de la cesta.


Es el placer la más amarga chanza,
pues finge que es capaz d.e toda cura
y hiere al propio yo con su ballesta

dimecres, 21 de setembre del 2016

SIN VUELTA ATRÁS

SIN VUELTA ATRÁS

Piel de Otoño en un corazón

macerado de recuerdos,

que lancean un alma

sumida en el ayer.

Mi corazón es una nostalgia que perdura

como el fragante jazmín

en el estival patio.

Son nostalgias que fulminan

las entrañas de un espíritu cansado.

Y, sin embargo, mi mente,

esa ardorosa mente que no cesa de pensar,

te percibe liviano en su interior;

te percibe como si los otoños

no se hubiesen abalanzado

sobre el alma desnuda,

agujerada de melancólicos silencios

y de inexpugnables añoranzas.

Piel de Otoño en el corazón

que late vacilante como un reloj,

tic tac, tic tac..., sin fuerza,

con una monotonía de siglos,

sin esperanzas.

Cesaron las primaveras y los veranos

y llegó inquebrantable

el fantasma que penetra por caminos torcidos,

el fantasma que no se desea,

el fantasma al que nos conduce la existencia.

Percibo su gélido aliento

fundirse en un corazón de terciopelo antaño,

vestido de Piel de Otoño hoy,

vestido de la miel amarga, del rictus esquivo

de un camino sin vuelta atrás.

Corren silenciosas las manecillas del reloj

reclamando paz,

reclamando calma...

Mi corazón vacío

late a su compás.

Maria Oreto Martínez Sanchis

València, España

ALBORES DE OTOÑO



LOS ALBORES DEL OTOÑO
Languidecen mis sueños en este frío otoño. Chapotean mis botas en una estación lluviosa. Mis recuerdos se pierden, moribundos de amor, entre los centelleantes rayos de sol que unió nuestras almas.
Nos conocimos en una primavera que pensamos debía ser eterna. Nuestros labios se acariciaron con la soberbia pasión de aquellos que saben que el amor ha lanzado sobre sus corazones la más excelsa flecha: La de oro.
Fue un volcán de cariño el que estalló veloz y encendió con su lava nuestra ilusión, un delirio que compartimos boca a boca, segundo a segundo, vehementemente. En una marmita de anhelos hervían nuestras miradas refulgentes, que se abrazaban indiscretas mientras los labios se pegaban como Jesús a su Cruz. Estallaban nuestras entrañas sedientas de pasión.
Vivimos la experiencia de una hermosa primavera. Mas el calor se marchó de la miel de la boca y los labios mudaron en gélida y pálida escarcha, cuando el otoño llegó vestido con un manto de pieles blancas. El olvido se cernió como fantasma helado sobre unas almas un día enamoradas. Voces de ultratumba aún me roban el sueño cada vez que el recuerdo me traslada al ayer, y revivo un amor de primavera loca del que solo restan las cenizas de unos rastrojos quemados por un ardor llamado lascivia. Un mundo de lujuria que juzgamos amor y que se desvaneció con los pétalos de las flores y las primeras ventiscas. Una existencia amorosa que no superó el primer frío otoñal.
El otoño, la estación de la honestidad, escarchó nuestros fogosos corazones y los apartó con su manto de ingratitud.
Maria Oreto Martínez Sanchis
València, España
Derechos reservados

dimecres, 14 de setembre del 2016

ENVIDIA


LA PATRIA VALENCIANA

LA PATRIA VALENCIANA

Mi nación es el mutismo
de un fantasma sobre el hielo
que resbala sobre el suelo...
pero ríe de optimismo.


Así es el valenciano:
infeliz que se conforma
con acatar la vil norma
del soberbio castellano.

Es mi patria valenciana
tierra de luz explotada,
por tunantes saqueada
y empleada como diana.

Ya no me siento española,
aunque ese sea mi Estado.
Estoy libre de pecado
por no ser traje de cola.

Camaleónica España,
que se viste de Castilla,
y a otras naciones humilla
ofendiéndolas con saña.

Esa España castellana
 aborrezco por inculta;
a sus naciones insulta
con magna mentira vana.

¡Honra para mi nación!
¡Honra para mi Valencia!
Y Castilla una más
-entre todas las demás-,
¡que olvide ser el bastión!

¡Entonces seré española!

Autora: Maria Oreto Martínez Sanchis
València (España)