DEVOCIÓN
Saberte adorar, Poesía,
como a parte de mi vida,
saber que eres la alborada
que nace todos los días,
saber que sin ti nunca
sería la mujer valiente que medita
sobre las cadenas de la
noche que adultera, fría, la esencia.
Pero vives en mi pecho y
en mi alma moras
y siento tu silencio y tus
latidos que brotan
del manantial en que te
transformas cuando te vistes
de la hermosa musa que me
enloquece y me sosiega.
Eres tú, Poesía, el
cariño que mi alma guarda
a este mundo que conmigo
vaga, valiente…,
temeroso del dolor que le
inflige el poderoso
que nunca permite que
marche solícito y feliz.
Pero ahí estás tú,
Poesía amada, tú consigues
que la llama arda y que el
hielo no escarche el orbe.
Por eso soy tuya, Poesía
amada, dolor de mi corazón,
alegría en las ligeras
entrañas dispuestas a cantarte.
Saber adorarte, mi Poesía,
excelso don del ser humano,
saber reverenciarte como
reina de mi espíritu que te reclama,
saber decirte en
sueños que mi alma llora cuando me ignoras…
Saber amarte desesperada y
que no me olvides nunca, mi amada.
Maria Oreto Martínez
Sanchis