EL VELO DE
LA MUERTE
Cubre el velo
de la muerte mi negro pelo rapado,
que un día
vistió de largo, pues mujer militar soy.
En este duro
sendero, por donde quiera que voy,
lucho como la
mejor, como todo buen soldado.
“A
sus órdenes, teniente”, afirma mi voz profunda,
segura que el
militar defiende patria y honor,
y como
teniente honesto demostrará su valor,
derrotando al
enemigo con su bravura rotunda.
Por el afecto
a mi patria ejerzo oficio de hombre,
como opinan
los mayores en este mundo de guerra.
Mas lucho con
gran tesón para que nadie en la tierra
piense que se
me regala aquello que es de mi nombre.
Cubre el velo
de la muerte mi negro pelo carbón
que acepta
superior orden, mas nunca será ultrajado.
El respeto al
compañero pido como buen soldado
y el militar
que no cumpla que ingrese en justa prisión.
Cubre el velo
del acoso mi pobre cuerpo desnudo
que, por fin,
ha conocido las fieras garras del lobo.
El que era mi
superior en abolengo y arrobo
ha violado
mis creencias con su cuerpo frío y rudo.
“Mis
anhelos ¿dónde están?” El dolor ha hecho mella
en un cuerpo
de mujer que perdió su dignidad.
Solo queda el
vil desprecio al sueño de la igualdad
que como
hienas corean los mandos que dictan huella.
Maria Oreto
Martínez Sanchis
