PISOTEADA
Me persiguen los sueños
en las noches de luna,
esos sueños que huyeron
de mi alma entregada,
esos sueños alados de mi
alma encantada
que hoy solo son
misterios que el satélite acuna.
El amor fue la risa
que brotaba en mis labios
y no había resabios,
los barría la brisa.
Mi voluntad sumisa
solo a ti te otorgaba
el maná que adoraba
como dulce premisa.
Y me correspondías
como ardiente
castrato,
que con todo boato
me tomaba en orgías.
Y eran manos arpías
las que me acariciaban
y de mi flor brotaba
el sol del mediodía.
Pero tú te alejaste
como Febo de Noche
y solo contemplé tu
varonil espalda.
No fuiste tú Edith, la de
mirada calda…
Mi boca no escupió
ni un infausto reproche.
Hoy recuerdo Sodoma,
nuestra orgía y placer,
y evoco a Edith, la
intrusa, que en sal se convirtió.
Me pregunto
anhelante: si el amor existió,
¿por qué sin
pleitesía hollaste mi querer?
