dijous, 30 d’abril del 2015

EL ÁNGEL QUE EN NOSOTROS MORA

EL ÁNGEL QUE EN NOSOTROS MORA

Cuando nacemos, un ángel acompaña nuestro cuerpo, desnudo de fe y de ilusiones. Es un numen que consigue que el ser sin voluntad empiece a sentir la llamarada de la esperanza y el delirio de la felicidad. Es lo que denominamos alma.

El ser humano es básicamente espíritu revestido de materia, pero no es esta la que gobierna el intelecto, pues si lo fuese, la persona solo anhelaría el mal y de demonio iría vestida. Eso es lo que ocurre con algunos sicópatas y con gente que se gana la vida haciendo daño a su prójimo para enriquecerse.

Cuando el numen es aceptado como ángel guardián por el niño, este aprende con facilidad a distinguir el bien del mal, a ser una persona asertiva y a sentir empatía. Estos dos últimos términos pueden resultar de difícil significado, pero ahora los explicaré. Un ser asertivo expresa claramente su opinión sobre cualquier tema y sabe decir "no" a aquello que su espíritu no aprueba. Una persona empática es capaz de calzarse los zapatos de otros y, si estos son estrechos, notará que le duelen los pies, por tanto nunca exigirá a nadie algo que le cause el dolor que él experimenta.

En todos los casos anteriores, el ángel que nos acompaña desde la cuna ha triunfado, nuestra alma ha sido capaz de aplacar nuestros instintos animales. En el caso de que el espíritu sea incapaz de ganarle la partida al instinto, bien porque el ser humano ha nacido con alguna tara mental, bien porque solo desee enriquecerse, tendremos ante nosotros la vileza demoníaca que se puede aplicar a nuestra parte animal o a la acción de fuerzas malignas, si somos creyentes.

Pero el ángel que nace con nosotros se ha de alimentar con la ayuda de mucho amor paterno y de una educación en valores. Solo así el niño se convierte en un ser seguro de sí mismo, y por tanto asertivo, y alcanza la empatía, que es una cualidad vital para evitar el dolor que asola nuestro planeta.

Aquel que descubra el amor al prójimo o empatía, gracias a su ángel, será una buena persona porque nunca hará daño, ya que será capaz de experimentar el dolor del que sufre. Solo aquel que sea capaz de experimentar el dolor ajeno será un ser totalmente espiritual e incapaz de causarlo.

Este numen es la luz de Dios, que nunca nos abandona.

Maria Oreto Martínez Sanchis