dilluns, 11 de maig del 2015
MADRE
MADRE
Madre, de cuyos cántaros bebía
aquella aromática leche que me alimentaba.
Mi mano te acariciaba
mientras tus ojos me vestían de cariño.
Madre, tú me susurrabas
que era tu dulce angelito
y mis labios chupaban
la leche que los mantenía vivos.
Madre, la brisa se convirtió en huracán
y arrancó de tu alma
el lustre de la felicidad,
ese brillo, madre,
que contemplaba en tus ojos de cielo,
ese resplandor
que era el aura de dicha infinita
que llenaba tu mirada de dulzura.
Madre, anciana vives en mí,
y te miro, y te busco en el silencio
de una vida ya vacía
pero pletórica de estima.
Y es que moras en mí
y siempre morarás
mientras quede un hálito de locura
en esta mente que te sueña, madre.
Maria Oreto Martínez Sanchis

