divendres, 10 de juliol del 2015

PRISIONERA DEL AMOR



(Lissette, vestida con un charlestón de los años veinte, observa ensimismada unos pájaros enjaulados, obsequio de su amante. En la mano derecha sostiene una sombrilla que anuncia el paseo vespertino; la izquierda, descansa dormida sobre un taburete cubierto por un lienzo de hilo. Sobre él unas flores prisioneras de un jarrón).

Monólogo de cara al público, pero mirando la jaula.

Lissette: Lo amo más que el día al sol, pues sin su existencia no brillaría, sería solo negra noche (susurra a los pájaros que parecen escucharla). Pero únicamente soy su preciada posesión, su joya, un pájaro más dentro de esta jaula de oro que me regaló. A veces pienso que estas aves somos nosotros dos: Él, prisionero de las arras de su esposa, y yo, la pobre paloma que vive amarrada a su ingrato amor. ¿Vendrá esta noche? ¡Y yo que sé...! (Lissette hunde las uñas en el taburete con gesto de desesperación). Vivo pendiente de su doble engaño..., prisionera de su embrujo, y arrodillada ante la mujer que le posee porque así lo quiso Dios. ¿Pero..., realmente ha sido el Redentor el que me ha convertido en la fulana maquillada que solo espera rendirse a unos brazos que se le hurtan, a unos brazos que mecen a sus hijos en el regazo, un regazo que debería ser solo mío? Recuerdo el baile en el que nos conocimos..., sus ojos esmeralda que me desnudaban pletóricos de pasión... Y yo que pensé que se convertiría en el hombre de mi vida.... Y yo que pensé que sería su esposa..., pero solo estas aves me recuerdan mi posición en la vida: Soy la prisionera del hombre que amo, ambos encarcelados en la jaula de un amor prohibido, ambos rodando con una rueda de molino al cuello, sin derecho a soñar (la joven sigue descalza, segura ya de que el paseo terminó antes de empezar).

Maria Oreto Martínez Sanchis