ENTRE GASAS, SOÑANDO
Liviana me sentía envuelta entre las gasas
que un día de primavera me regalaste tú.
Soñaba que tus manos, con lujuria infinita,
arrancaban de mi cuerpo las ondas del tul.
En mi corazón ardía un volcán de deseos,
el anhelo ferviente que la pasión provoca
y, mientras te invocaba, a tu goce rendida,
dibujaba tu cuerpo en mi mente gozosa.
Notaba la presencia de tus manos divinas
que tocaban al son de arpegios de violín,
y yo me entregaba a tu vehemente orquesta
como se consagra el Cuerpo en la Comunión.
Envuelta entre recuerdos y adornos de guipur,
mi corazón se hizo recio como el del rey David,
como el de la Magdalena, que tanto lloró
los desplantes del hombre que su corazón robó.
El olvido y la dicha arribaron de la mano,
no como hermanos o amigos, sino como enamorados.
Olvidé las gasas en un antiguo armario
y otras manos me acariciaron a ritmo de piano.
Maria Oreto Martínez Sanchis

