divendres, 27 de març del 2015

Y SURGE EL DÍA

Y SURGE EL DÍA

Centellean las luces
sobre la ciudad de los muertos vivientes,
dormilones erráticos que se consumen en sueños.

¡Sueñan las horas el despertar!

Vigila el astro las macilentas calles dormidas...
Un silencio atávico nos acerca a la muerte
que se contonea como una puta vieja.

¡Sueñan las horas el despertar!

Los gatos del callejón de los espejos cóncavos
se desperezan aguardando el filtro solar.
Son gatos negros como las mismas sombras.

¡Sueñan las horas el despertar!

Delgados jazmines ajados mueven sus caderas
espurias, atractivo de un cuerpo sin alma
acostumbrado a las estrellas nocturnas,

avezado a los compradores de felicidad,
que pagan un ochavo de ambrosía
al precio de un céntimo de honradez.

¡Sueñan las horas el despertar!

Aparecen, lentamente, las calles
que surgen de entre las sombra fétidas
a través de un rayo de sol que las enciende en la penumbra.

¡Suena el reloj en el campanario!
¡Canta el gallo alentando a las gallinas!
La aurora pasea el volcán de su hechizo que encandila al día.

Transcurre apagada la historia de la fortuna
que llora, indiscreta, en aras de la guerra
que hunde el mundo en la cellisca fría.

Maria Oreto Martínez Sanchis