TRAGEDIA EN LOS ALPES
El destino es una meretriz pintada
que aguarda insinuante a la vuelta de
la esquina,
es una ramera impúdica con aire
solemne.
El destino es el cuenco que rezuma
flores muertas,
un cuenco del que no se obtiene
fragancia,
un cuenco podrido que solo huele a
cadáver.
El destino vive agazapado entre las
sombras,
buscando el momento y el lugar precisos
para estafar al pobre infeliz que se
creyó afortunado.
El destino es la adelfa que roba el
camino de mi tierra ingrata,
es el veneno que rezuma el baladre,
capaz de asesinar.
El destino viste de luto para todo ser
que alcanza.
El destino es la guadaña que cercenó
las ilusiones de unos pasajeros,
niños, mujeres, hombres…, que osaron
viajar en un avión.
El destino los alcanzó en los Alpes
franceses.
El destino mutiló las ilusiones que
bullían en sus almas
y como buscona despiadada les arrebató
las cartas de la suerte,
que llevaban ocultas en sus corazones.
Maria Oreto Martínez Sanchis
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