dilluns, 11 de maig del 2015

MADRE



MADRE

Desaparece el sentimiento del decoro
del corazón de una madre que amamanta.
¡Huye...! Perdido en el presente vaga..., 
y el bosque que lo encubre se siente satisfecho,
seguro de una buena acción sin recompensa.

Es la madre esa mujer que nos ama,
que alimenta nuestros sueños de dulce leche,
mas también nuestras puras almas esperanzadas.
Es ella la que muestra sin pudor su seno,
aquella a la que no le importa nada más que su hijo.

Es la madre, una mujer que fue vilipendiada
y tachada de coqueta impúdica por la belleza de un escote...
Ella se convierte en el sagrario de la ilusión de una familia 
que venera ese seno recriminado cuando era bello 
e idolatrado al convertirse en pan.

El bosque es la sombra perdida en la mirada de la gente,
una gente que no mira el pan de cada día
que corresponde al ángel nacido de la madre,
un numen que llevó en sus valientes entrañas
durante nueve meses y al, que feliz, amamanta.

Madre que me diste el ser, que me criaste...,
madre, tú supiste mirarme con amor 
y enseñarme a querer a mi hijo.
Madre, hoy contemplo tu esplendor ajado
con la mirada de la ternura que insuflaste en mí.

Maria Oreto Martínez Sanchis