ALGARROBO
Algarrobo peregrino, semejas un gran templario,
que batalla con su espada en favor del buen Señor.
Tú proteges con tu copa los trinos del ruiseñor
y con tu fruto alimentas a todos, sin ser sectario.
Algarrobo de secano, mediterráneo vives...;
como el aceitoso olivo, vistes galas centenarias.
Tu tronco, nudoso y ancho, ora al cielo las plegarias
que en tu tallo corpulento alegre y dichoso escribes.
Son plegarias al Señor porque, aunque naciste hereje,
el transcurso de los tiempos te convirtió en buen cristiano.
Y, bajo tu protección, enlazados de la mano,
mora el pastor y el villano, que arranca de ti un esqueje.
Bien conoce el malandrín la grandeza de tu aura,
la belleza de tu espíritu, la bondad del corazón.
Y desea, en su arrogancia, arrancarte la oración
que el Señor te concedió como galardón, tu laura.
"Eres la luz del amor, algarrobo centenario;
te premié con la existencia, algarrobo inmaculado;
eres la musa de Oreto, algarrobo enamorado
de la brisa de las horas, algarrobo solitario".
Maria Oreto Martínez Sanchis
