LA MUERTE DE LA ILUSIÓN
Penélope (se dirige desesperada hacia la estatua de Eros): ¡Oh Fuente del Amor! Manantial del que beben todos aquellos flechados por las saetas del que yo creí sabio, el dios Eros, ¿cómo pudiste abandonarme a mi credulidad? ¿Cómo pudiste, Eros, consentir que mi ilusión muriera? Sé que tus flechas existieron, mas no me disparaste las de oro, las flechas del amor eterno, solo las del espejismo pasajero... ¿Por qué...? Si desde la niñez te serví...
(Aumenta el toso acusador y la voz. El dedo índice señala inculpatoriamente al dios) ¡Tú que procuraste por la bella Psiqué, tu amada, a la que salvaste de las garras de tu madre, la diosa Afrodita, celosa de su belleza..., solo por amor! Tú, que a tantos mortales has ofrecido la miel de la dicha, ¿por qué me desamparaste? ¿Cómo pudiste lanzarme en brazos del demonio que hundió mi espíritu y mi razón en el más profundo y repelente cieno?
(Más calmada, pero con el dedo acusador en alto) Ahora has matado mi ilusión y las rosas rojas que lucía mi alma esperanzada se han transformado en rosas de desolación, rojas como este manto que cubre mi dolorido corazón. Ahora sé que el Amor no existe, por eso el sátiro te escarnece cubriendo tu rostro con agua de pájaro. El Amor solo vive en la imaginación, es aquello que anhelamos ver en el otro, aunque no exista más que en nuestra imaginación. Por ello nos es tan fácil enamorarnos y tan difícil aceptar la cruda realidad de que todo era apariencia. La soberbia humana niega que solo vivíamos una ilusión, un delirio que no nos dictaban tus flechas, ni nuestra alma o corazón, sino las endorfinas y el ansia de ver reflejados nuestros deseos en el ser que ha despertado la química en nosotros.
(Con voz cansada y desolada) Fui una estúpida, Eros. Desde la infancia busqué al príncipe azul que me amara con locura solo a mí. Y sí, lo encontré... Y me dijo que yo era su princesa rosa... Y las endorfinas volaban invisibles el día que sellamos nuestro amor con el primer beso... Nuestro primer beso... ¡Ay, cuánta pasión! ¡Cuánta química acumulada en dos cuerpos que se atraían como imanes y que han llegado a repudiarse como aceite y agua...! Y es que el amor es ciego, como tú, Eros, y tu venda... ¡Maldito seas, demonio alado, asesinos de ilusiones! (la mano derecha cerrada, que se extiende hacia el dios). Te traigo las lágrimas que he vertido por tu causa en este frasco (abre la botellita y lanza su contenido a la fuente). Son amargas como la hiel y el símbolo de tu traición.
Él me fue tan infiel como tú mismo, Eros, y entonces dejé de verme reflejada en su alma innoble. Amor sí, fuente del amor, pero sin convencionalismos paganos o cristianos... ¡Amor libre y sin disfraz...!, como disfrazada he venido para hablarte de lo que es falso. Si el amor existe, se quedará y no me dejará con el peso de la decepción.
(Se escucha una voz potente y apaciguadora en el fondo del jardín. Es Eros que habla a aquella mujer valiente que se le ha enfrentado)
Eros: ¡Oh bella Penélope! Tus lágrimas amargas son el síntoma del dolor que anida en tu corazón, la daga ardiente que lo atravesó y la prueba fehaciente de un amor verdadero. Has amado y ello es prueba de tu humanidad. Ahora odias porque eres un ser humano traicionado. Mas quítate el disfraz y se tú misma, una mujer honrada dispuesta a amar. No te entregues únicamente a un sexo sin amor... Sin la llama de la ilusión, esa llama que volverán a encender mis flechas, no es posible la felicidad. Mis saetas inflaman el corazón de pasión, pero el ser humano ha de ser capaz de no ser un narciso y, aunque ame desesperadamente, ha de estar alerta para que mis flechas no le nublen el entendimiento, porque pasión es lo que producen..., el amor verdadero proviene del conocimiento y la aceptación mutua. Solo el ser humano inteligente acepta las endorfinas como un primer paso, pero se fija en el "ser amado" para saber si es digno de su persona y, de no serlo, aplaca las flechas y busca en otro lar. Sé que la ilusión te ha llevado de su mano y ha disfrazado lo que solo era pasión de amor. Una vez conocidos los defectos del otro, crees que no existe el amor, mas te equivocas.
Volverás a amar, pero entonces no te fijarás solo en las apariencias y escucharás lo que el ser amado tenga que decirte...., porque de ahora en adelante sopesarás si es amor o solo pasión. Si decides entregarte a mi madre Afrodita, aceptarás la pasión y la lujuria, pero no vengas a quejarte de que no existe el amor.
Sátiro (Ríe con voz desagradable) : Si crees a este angelote demoníaco, volverás pronto a echarle lo que yo le regalo todas las mañanas... ¡Jajajajajja!!!
Eros (contundente): ¡Calla ya, Sátiro! Penélope, espero que me hayas escuchado y que mis palabras te sirvan de patrón para obrar. El resto dependerá de tu forma de entregarte al amor, un amor por el que deberás trabajar a diario para que no se marchite como las rosas. Has traído a mis plantas las lágrimas de un amor muerto... De ti espero, como recompensa por la amargura que has vertido en mi fuente, que vuelvas acompañada de la risa de un amor auténtico.
