Dulce corazón,
sangre de mis venas,
pedazo de mis entrañas,
eso eres tú, hijo mío.
No hay mayor amor
que el que se profesa a un hijo.
Afírmolo con orgullo
y todos los demás amores olvido.
La pasión y el frenesí,
¿qué son en comparación
de tu amor, hijo mío?
Por eso sonrío y callo
cuando escucho el deseo
de amor en otros labios.
Sólo agua en una cesta será
que, a través del mimbre,
se escurrirá.