Cuántas veces he imaginado
sentirme entre tus brazos,
avaramente tuya,
como mujer enamorada.
Cuántas veces he soñado
darme hasta el último aliento,
apasionadamente entregada
como mujer ardiente.
Algún día iluminará el Sol
tu amor y el mío.
Algún día la niebla, que
nubla nuestro presente, desaparecerá.
Y sólo entonces, eternamente entonces,
nos abrazaremos hasta el último suspiro,
dejaremos de ser estrellas fugaces
para convertirnos en luceros,
que brillen al unísono
en el mismo firmamento