La vida se te escurrió
de entre los dedos.
La soltaste sin pensar
y caíste en el abismo.
Tu dulce sonrisa,
el azabache de tu mirada,
las curvas de tu esqueleto
embrujaron a la Muerte.
Presurosa vino a tu encuentro
y te arrancó lo que más amabas.
Sólo quedaron tus raíces,
la belleza de tu espíritu puro.
Y aquí quedó tu alma atrapada,
prisionera de su mundo soñado.
Y aquí quedará por siempre
hasta comprender su asesinato.