dimarts, 26 d’octubre del 2010

ROMANCE DE JAIME I

ROMANCE DE JAIME I




La reina María

de la Corona de Aragón

lloraba de pena en la cama,

sola y deseperada.



Su marido el rey,

que era un gran señor,

enamorado andaba de otras

y no era fiel, no.



La reina María,

casada y sin marido,

no aceptaba a nadie

que le hiciera cumplidos.



Los halagos odiaba

y con valentía anhelaba

tener un hijo sano

del que el rey se mostrara ufano.



Una treta tramaron

sus fieles servidores

para conseguir que el rey

fuera suyo por una noche.



-Mi señor Don Arnau,

pido a vuestra merced

ayuda liviana

para nuestra soberana.

Sabéis, mi buen Arnau,

que el rey Don Pedro

infringe la promesa

de dar un heredero.

Montpeller está de luto,

Barcelona ve impotente

las rebeliones de Aragón

contra todas sus gentes.

Sólo la real simiente

en las entrañas de la soberana

conseguirá calmar las luchas

entre personas hermanas.



-Mi buen Don Guillem,

razón tenéis vós.

Pero qué podría hacer

en vuestro favor.



-Muy fácil, hermano.

Sólo decir a vuestro soberano

que esta noche yacerá

con su hermosa amante.

La reina delante

en la habitación entrará.

Y juntos y a oscuras,

un hijo engendrarán.



Acordado el trato

y cumplido el hecho,

los reyes yacieron

en el mismo lecho.



Al alba indiscreta,

juntos como hermanos

entraron los ministros,

obispos, señores y doncellas.



-Vive Dios, ¿quién va?-preguntó

el rey al divisar los cuerpos

que fantasmales parecían muertos.



-Apaciguaos, mi señor.

Mirad a vuestro lado

y esperemos que el hado

forje una figura humana

en las entrañas de la soberana

que tenéis a vuestro costado.



El rey reconoció a la reina

y aceptó que todo ocurriera

como a Dios placiera.



Nueve mese después

el gran rey Don Jaime

nació en Montpeller.

¡Fue un día grande!