dijous, 23 d’abril del 2015

LAS CUATRO ESTACIONES-TODA UNA VIDA

LAS CUATRO  ESTACIONES-TODA UNA VIDA

Una guirnalda de flores sobre mi pecho de diosa
pregonaba con orgullo mi turgente juventud.
No necesitaba espejo que me hablase de virtud,
pues me sabía mujer, la carta más poderosa.

La quimera del amor apareció caprichosa
e inundó mi corazón con su feliz inquietud.
Mi guirnalda de pureza entregué con prontitud
a tus labios de esperanza en los que moré dichosa.
 
Claveles rojos bordaron ese tálamo nupcial
en que me rendí a tus besos en aquel verano cálido.
Pronto una nube bajó desde el dulce cielo pálido
y depósito en mi vientre la semilla de un chaval.

Era nuestro amor profundo y hermoso como un turpial
cuyo peregrino pico es un instrumento válido
para roer las entrañas…, aunque de pergeño escuálido…,
sabía amarme con ansia su espíritu colosal.
 
Mas la aguja del reloj, que todo lo va pinchando,
aceleró su carrera con el primer revolcón,
y después de tanto incendio las cenizas de pasión
se extinguieron con el viento que las acabó rehusando.

El otoño floreció en mi cabello enlazando
largas hebras nacaradas, donde relució el carbón.
En mi corazón rendido solo quedaba el blasón
de un delirio desmedido y arpegios de amor clamando.
 
Solo me queda el invierno y los recuerdos de ayer
que a mis nietos cuento alegre, como si fueran de hogaño…
Cerca del caliente hogar evoco historias de antaño
que ellos reviven en mí a través de mi saber.

Nunca perdí la ilusión de recobrar tu querer
y a través del mundo onírico nuestras quimeras amaño.
Bien sé que son espejismos de tan excelso tamaño
que nunca retornarán mis anhelos a encender.


Maria Oreto Martínez Sanchis

Espanha