Si tu corazón hubiera sido capaz de escuchar mi llanto,
Si los diamantes de tu mirada hubieran captado mi dolor,
Si el mundo fuera del color del fuego
Y no blanco como la nieve en día frío,
Tu espíritu y el mío se hubiesen fundido en una sola alma,
Tu corazón y el mío latirían en una sola voz.
Pero no pudo ser.
Me apartaste de ti sin mirarme a los ojos,
Te apartaste de mí sin el menor pudor.
El amor se escurrió entre tus fríos dedos,
Las lágrimas arrasaron mi fulgor anterior.
Desesperada quedé y helada de angustia,
Mi cuerpo sacudido por un huracán
Que perlaba mis mejillas de gotas amargas,
Que curvaba mis labios de aspecto fantasmal.
Mi pecho se rebelaba buscando el aliento,
Que parecía escapar de mi triste ser.
Elevé mi rostro hacia el firmamento,
Miré las estrellas del anochecer,
Sequé mi llanto con la fría mano
Y olvidé por siempre aquel estúpido padecer.
Una sonrisa ardiente y llena de esperanza
Cambió la curvatura blanca de mi boca,
Roja como fresas maduras apetitosas,
Dispuesta a probar el perfume de otros labios.
Maria Oreto Martínez Sanchis
València
España