Amado mío:
Ya no vivo de recuerdos.
Me costó acostumbrarme
a tus ausencias,
a las noches sin placer
en la oscuridad diáfana
de mi habitación solitaria.
A través de la ventana
contemplaba el firmamento
rebosante de estrellas silentes
como mis pensamientos.
La certeza de la luz
había iluminado mi espíritu,
para descubrirme que el amor
no muere cuando un amante se acobarda.
Sólo se esfuma
cuando deja de ser un anhelo compartido .
No vivo de recuerdos.
Sólo te guardo en el cofre de mi corazón
como un dulce sueño perdido.
Maria Oreto Martínez Sanchis
