diumenge, 17 d’octubre del 2010

EL ALMA DE LA VIDA

Las huellas del caminante en el sendero de la vida son los obstáculos que, como ser humano, ha de vencer.


Miguel era un niño de ocho años enfermo de leucemia desde los seis. Sus padres, desolados porque su sangre era incompatible con la del niño por lo que no se le podía implantar una médula sana que lo salvase, decidieron engendrar otro hijo esperando que éste pudiese salvar al mayor.

Pero el embarazo tardó en producirse y, mientras el feto se desarrollaba en el útero materno, murió Miguelito en brazos de su madre.

Nunca hubo padres más afligidos. Su desesperación llegó hasta el límite de abominar del feto que tanto habían anhelado.

Sólo cuando se produjo el parto y los padres se miraron en la carita del nuevo Miguelito, supieron que el primero había dejado su impronta y que su muerte no había sido en vano.